RICCE, 2023 Voꢃ. 2 Nꢄo 1: ꢅꢁꢁꢂꢀ://dꢆi.ꢆrg/ 1ꢇ.48168/RICCE.vꢈn1ꢂ19  
https://reviꢀꢁaꢀ.ulaꢀalle.edu.ꢂe/ricce  
LOS ALIMENTOS SON INFORMACIÓN:  
DESCUBRIENDO LA NUTRICIÓN  
DESDE UNA PERSPECTIVA NO  
ANTROPOCÉNTRICA  
Fecha de recep ción: 17-01-24 / Fecha de acep tación: 27-02-24  
Daniela Arango Ruda  
investigadora docente de la Fundación universitaria Juan n corpas  
Correo electrónico: Daniela.arango@juanncorpas.edu.co  
ORCID: https://orcid.org/0000-0001-7855-4060  
rEsuMEn  
Por mucho tiempo, la nutrición ha entendido los alimentos como simples sustancias que  
tienen la función de aportar macro y micronutrientes fundamentales para el funciona-  
miento óptimo del organismo y la supervivencia de los seres humanos. Sin embargo, los  
alimentos son más que esto, debido a que están involucrados de manera permanente  
en distintos procesos de trasmisión de información a escala cuántica, que son funda-  
mentales para la vida. Este capítulo plantea la necesidad de que la nutrición y la salud  
pública superen la perspectiva antropocéntrica de la alimentación y estudien otros or-  
ganismos no humanos que están inmersos en el proceso. Para esto es importante revisar  
los distintos planteamientos de otras ciencias distintas a las de la salud, con el fin de  
explorar las interacciones de los alimentos a través de la información en sus múltiples  
dimensiones y cómo se entrelazan con los diversos procesos que hacen posible la vida.  
Palabras clave: salud, alimentación, cuántica, energía  
1
9
Revista de ciencia de la Complejidad  
abstraCt  
Over the years, nutrition has understood food merely as a way to obtain macro and micro-  
nutrients. These nutrients are vital for the optimal functioning of the organism and the  
survival of human beings. However, food contributes to more than that since they are of-  
ten involved in quantum-scale information transmission processes, essential for life. This  
chapter states the need to overcome the anthropogenic view of diet and include non-hu-  
man organisms immersed in the process, particularly in nutrition and public health fields.  
To this end, it is crucial to use an interdisciplinary approach, taking into account state-  
ments from disciplines that do not necessarily belong to the group of the health scienc-  
es. The previous will lead to a better understanding of the food interactions through the  
transmission of information on its multiples dimensions and how they intertwine with  
the various processes that create life.  
Keywords: health, food, quantum, energy  
1
. introduCCión  
Para el campo de estudio de la nutrición, los alimentos son cualquier sustancia ingerida  
por un organismo que tiene como propósito facilitar ciertas funciones vitales del cuerpo y  
generar satisfacción. Por su parte, un nutriente es usualmente definido como toda sustan-  
cia que es componente de los alimentos y que está en capacidad de proporcionar la energía  
necesaria a los organismos para el crecimiento y la supervivencia.  
Hay una manera particular de entender los alimentos desde la perspectiva de la nutri-  
ción, esta es que estos se componen esencialmente de macronutrientes y micronutrientes,  
lo cual se limita a una visión relativamente reducida de la composición de los alimentos.  
En ese sentido, podría decirse que casi ninguna rama de la nutrición define los alimentos  
como algo más allá de un conjunto de sustancias que tienen innumerables funciones para  
la supervivencia del organismo humano. Sin embargo, este capítulo pretende trascender  
de la perspectiva clásica de los alimentos como sustancias, para entenderlos más bien  
como raciones de información que facilitan el desarrollo de procesos necesarios para sos-  
tener y crear la vida. Para lo anterior, partiremos del concepto de información cuántica,  
distanciándonos del término “bit” e introduciremos el “qubit” para hacer referencia a la  
perspectiva cuántica de la información.  
Todo lo anterior permitirá introducir nuevas conceptualizaciones para comprender la im-  
portancia de la información en los procesos cuánticos, pero también abrirá nuevos esce-  
narios para explorar la alimentación desde otras perspectivas. Así, este capítulo propone  
como tesis central que los alimentos son la información que ganamos con cada bocado de  
comida, que nos permite conectar nuestro ecosistema interno con los ecosistemas exter-  
ꢈꢇ  
Revista de ciencia de la Complejidad  
nos, lo cual tratará de ser explicado a través de diversos conceptos de la física y la biología  
cuántica, para finalmente tratar de responder una inquietante pregunta, ¿comemos infor-  
mación?  
2
. nutriCión: una visión ClásiCa dE la inforMaCión  
Tal como lo expresa Loyd (2013), hasta mediados del siglo pasado la energía era un con-  
cepto altamente dominante tanto en la ciencia como en la tecnología. Esto como conse-  
cuencia del interés de la física por comprender la naturaleza y transformación de esta. En  
consecuencia, gracias a los importantes avances de la física, durante la primera revolución  
industrial se logró otra comprensión de la energía, propiciando su aprovechamiento para  
la fabricación y el transporte (Lloyd, 2013). Este hecho comenzó a abonar el camino para  
que otras disciplinas se fijaran en la energía, convirtiéndose en objeto de interés para múl-  
tiples campos de estudio y propiciando la creación nuevas ciencias de toda índole.  
Un ejemplo de lo anterior es el campo de estudio de la nutrición, el cual estableció sus  
principales fundamentos en el siglo XIX como consecuencia de los estudios que ya se ve-  
nían adelantando en materia de energía, proteínas y el reciente descubrimiento de las vi-  
taminas (Cirilo, 2010). Además, como respuesta a los importantes cambios que se dieron  
en este periodo con relación a los oficios y profesionales y el impacto de esto en la concep-  
ción del cuerpo y la salud. Durante la primera revolución industrial el cuerpo pasó a ser  
un objeto imprescindible de la productividad y esto posiblemente fortaleció la perspectiva  
de definir los alimentos como fuentes de construcción de energía vital para el desarrollo  
de oficios.  
Así, pese a que nuestros ancestros eran conscientes de la necesidad del alimento como  
fuentes de energía para sus actividades diarias, solo hasta el siglo XIX se reconoce este  
proceso como un campo de estudio de interés para la salud pública, en parte como res-  
puesta al hecho de que los distintos tipos de trabajo comenzaron a moldear las formas  
de alimentarse, incluso ciertas preparaciones estaban destinadas al tipo de trabajo que  
desempeñara una persona. Además, el coste energético de las actividades laborales tuvo  
un decrecimiento acelerado, principalmente como consecuencia del uso de las máquinas,  
lo cual repercutió directamente en el peso y la salud de la población.  
ꢈ1  
Revista de ciencia de la Complejidad  
Tabla 1 Cꢆꢀꢁe energéꢁicꢆ de diꢀꢁinꢁaꢀ acꢁividadeꢀ  
Fuente: (Liberman, ꢈꢇ14, ꢂ. ꢈ48)  
Descripción: como se puede observar en la tabla, el gasto energético decrece o aumenta  
según el tipo de actividad que se realice. En el caso de las labores que no estaban asistidas  
por máquinas como correr, cargar un camión, la minería, el trabajo con la azada o la jar-  
dinería, el gasto energético estaba entre 1.500 y 322,7 kilocalorías por hora. Por su parte,  
las actividades asociadas con el uso de máquinas, principalmente las que se desarrollaron  
durante la revolución industrial como el uso de teclado sentado, uso de máquina de coser  
de pedal, la calceta, entre otros, presentaban un gasto energético no mayor a 200 kiloca-  
lorías por hora.  
Adicionalmente, al mismo tiempo que el gasto calórico se redujo significativamente du-  
rante la primera revolución industrial, la obtención de energía por medio del consumo  
de alimentos comenzó a aumentar de manera importante. Esto se dio principalmente  
porque los productores de alimentos comenzaron a adicionar nutrientes como la grasa,  
el almidón, el azúcar y la sal, como estrategia para producir y fabricar de manera mucho  
más eficiente y barata (Liberman, 2014). Así, los alimentos industrializados comenzaron a  
tener una carga mucho más alta de sustancias como el azúcar, lo cual aumentó el consumo  
de calorías.  
Todo lo anterior reafirmó la necesidad de enfocarse aún más en la energía y la convirtió en  
objeto de estudio imprescindible para la nutrición. En adelante, la principal preocupación  
ꢈꢈ  
Revista de ciencia de la Complejidad  
fue encontrar el equilibrio entre el consumo calórico y el gasto energético, constituyendo  
así dos grandes grupos de nutrientes: los macronutrientes y los micronutrientes. Entre los  
macronutrientes más usados por la nutrición podemos encontrar los carbohidratos, las  
proteínas y las grasas, mientras que los micronutrientes están generalmente representa-  
dos por vitaminas (A, C, E), minerales (hierro, cobre, magnesio) y oligoelementos (yodo,  
cobre, selenio, flúor).  
Sin embargo, dada la importancia que tomó el concepto de energía en la nutrición, muchas  
de las guías nutricionales construidas en todo el mundo están basadas en la necesidad de  
obtener energía y nutrientes particulares de un grupo relativamente reducido de alimen-  
tos si se compara con todo el universo de los mismos.  
Figura 1 Pirámide nuꢁriciꢆnal OMS  
Fuente: ꢅꢁꢁꢂꢀ://acꢆrꢁar.link/ꢉWI4iꢂ  
Descripción: la figura 1 muestra la composición alimentaria saludable según la OMS.  
Como se puede observar, esta se basa principalmente en macronutrientes y determina una  
forma particular de lo que debería ser la alimentación saludable para todos los individuos.  
Como ya se ha evidenciado, esto se da porque el énfasis de la nutrición sigue estando en la  
energía y no en la información. Esta misma visión nos lleva a un desinterés de los procesos  
por los cuales se construyen los alimentos, así como cuáles son las interacciones previas  
que hacen posible la constitución de los mismos. Así, desde las teorías y posturas ecoló-  
ꢈꢉ  
Revista de ciencia de la Complejidad  
gicas, los alimentos son productos finales de apenas algunos procesos, que comenzarán  
a hacer parte de otras interacciones una vez entran en contacto con los organismos que  
los consumen, y a su vez se integrarán a otros procesos cuando estos organismos los des-  
echen.  
Sin embargo, lo anterior es una perspectiva aún poco reconocida en el campo de la nutri-  
ción. En parte esto se debe a que, tal como lo expresa Lloyd (2013), solo hasta mediados  
del siglo XX se dio otra nueva revolución, la de la información. A partir de este periodo se  
creó la ciencia del procesamiento de información, lo cual permitió el desarrollo de nuevas  
tecnologías y la computación. Pese a esto, lo más importante de este hecho es que hubo un  
cambio radical en el paradigma de la ciencia, posicionando la información como un con-  
cepto clave y ya no solo la energía.  
La energía sigue siendo un ingrediente importante de nuestra comprensión del universo,  
por supuesto, pero la información ha alcanzado un estado conceptual y práctico igual (y con  
frecuencia superior) al de la energía. Nuestra nueva comprensión del universo no se basa en el  
poder impulsor de la fuerza y la masa. Bastante, el mundo que vemos a nuestro alrededor surge  
de un baile entre parejas iguales, información y energía, donde primero uno toma la iniciativa y  
luego el otro. (Lloyd, 2013, p.2)  
Este cambio de paradigma ha alcanzado diversos campos de estudio como la tecnología, la  
física, entre otros, pero no lo ha hecho tan directamente en otros como la nutrición, en la  
que gran parte del interés sigue estando enfocado en una visión clásica de la energía. Sin  
embargo, nuevos enfoques como los que proponen las ciencias de la complejidad permi-  
ten acercarse a la nutrición desde otras perspectivas y vinculan la información como un  
concepto clave que debería ser explorado con mayor entusiasmo por la nutrición. En ese  
sentido, este capítulo pretende plantear los alimentos como vehículos de información que  
transforman permanentemente sus entornos y que a su vez se dejan transformar por los  
mismos.  
Más que fuentes fundamentales de nutrientes para vivir, los alimentos son poderosos  
suministros de información que permiten el desarrollo de procesos que hacen posible el  
mantenimiento de la vida. Ahora bien, ¿cómo debemos entender el tipo de información  
que proviene de estos? Desde la física clásica, la información es observada por medio de  
bits”. Bit es en palabras más simples “binary digit” o “dígito binario”, y es la unidad de  
información de un sistema binario, es decir que cada uno representa una respuesta a una  
única pregunta de sí o no, así “para cuantificar la información clásica, el contenido semán-  
tico de la pregunta de sí o no realmente no importa, siempre que las posibles respuestas  
sean solo dos”( Georgiev, 2018, p.82).  
Desde la perspectiva de los bits clásicos, la información se puede copiar, leer, multiplicar,  
procesar, almacenar y borrar. “En esencia, la información clásica es la que nos permite  
distinguir entre objetos, entidades, fenómenos o pensamientos” (Georgiev, 2018, p.82). Por  
su parte, el “qubit” es la nueva medida de la información, entendida por la física cuántica.  
ꢈ4  
Revista de ciencia de la Complejidad  
En otras palabras, es el concepto cuántico del bit de información. El qubit, al igual que el  
bit, puede representar dos estados base, 1 o 0. Sin embargo, también puede generar todas  
las posibles combinaciones entre los estados base (1y0).  
Otra característica notable de la cuántica es la rapidez en la cual se da la construcción y  
transmisión de la información. Por ejemplo, la transferencia de información clásica nece-  
sariamente “requiere que los objetos físicos que codifican la cadena de bits, ceros y unos,  
se transporten ellos mismos o el mensaje se codifique en alguna otra portadora física que  
luego se transporte del remitente al receptor” (Georgiev, 2018, 84). Ahora bien, de acuerdo  
con la teoría de la relatividad, ningún portador físico de particulares materiales o luz pue-  
de viajar más rápido que la velocidad de la luz, por lo que los intercambios de información  
clásica tampoco podrían superar dicha velocidad.  
Pero ¿cómo se relaciona lo descrito anteriormente con los alimentos? Quisiéramos decir  
que es fácil de explicar, pero no lo es. Sin embargo, el campo de la biología cuántica nos da  
cada día más elementos para entenderlo y explicarlo de una manera mucho más simple,  
aunque los procesos que abarca en realidad sean complejos. Lo primero que hay que decir  
es que todos los sistemas vivos actualizan de manera constante los procesos internos de  
acuerdo con la información obtenida a partir de los elementos y procesos que conforman  
el medio ambiente que les rodea (Marais et al., 2018). En ese sentido, dichos sistemas son  
altamente sensibles a los pequeños cambios del medio ambiente, pero estos tienen la ca-  
pacidad de detectar cambios a nivel cuántico. A este proceso se le denomina “detección”  
(
Marais A et al., 2018). En otras palabras, lo fascinante de la vida es que sabe leer muy bien  
sus entornos, aprovechando de manera eficaz la información obtenida para lograr impor-  
tantes beneficios. En ese orden de ideas, los alimentos como sistemas vivos que a su vez  
componen otros sistemas vivos, constantemente entran en un juego de comunicación con  
los elementos que les rodean y que les permite intercambiar información entre sí.  
En esa misma línea, los alimentos transmiten esa información a los seres humanos una vez  
interactúan. Cuando ingerimos un alimento en su estado inicial (sin procesar), estamos  
consumiendo no solo sus macro y micro nutrientes, sino toda su historia, sus relaciones  
con otros organismos vivos, su interacción con los climas, en suma, todo su paso por la  
vida. En resumen, introducir la perspectiva de la información cuántica al campo de la nu-  
trición, nos acerca a pensar que los alimentos son más que una experiencia directa con la  
supervivencia, son también una forma imprescindible de comunicarnos con la naturaleza  
a través de un intercambio espontáneo y fluido de información para el mantenimiento de  
la vida.  
Partiendo de lo anterior, tanto el campo de la salud como el de la nutrición, deberían preo-  
cuparse tanto por otros sistemas vivos como lo hace por los seres humanos, debido a que,  
desde sus inicios, ambos campos se enfrentan a un problema crítico, y es que son esencial-  
mente antropocéntricos. Sin embargo, citando a Maldonado (2018), “la salud es un fenó-  
meno que empieza mucho antes de cada quien, que atraviesa a cada cual, pero que desbor-  
ꢈ5  
Revista de ciencia de la Complejidad  
da a cada uno y termina en algún punto mucho después de cada persona” (p.5). Así mismo,  
nuestra relación como seres humanos con los alimentos, empieza a tejerse mucho antes  
de entrar en contacto con un alimento, cuando estos apenas son semillas que comienzan a  
formarse; nos atraviesa, en la cocción y formas de preparación que imprime cada cultura;  
pero termina mucho después de nosotros, en el metabolismo, la excreción, etc.  
Sin embargo, si retomamos la perspectiva genérica en la cual la nutrición aborda y en-  
tiende los alimentos, podremos deducir que conocemos apenas los bits que componen el  
universo de los alimentos, pero nos queda aún mucho camino por recorrer en cuanto al  
reconocimiento de los miles de qubits que los componen. Un campo de estudio que podría  
permitir entender esto de manera más simple, es el que propone el concepto de materia  
oscura nutricional. Un concepto acuñado por Albert-László Barabási que hace referencia  
a la gran cantidad de compuestos bioquímicos presentes en los alimentos que consumi-  
mos y que no son estudiados por el campo de la nutrición. A pesar del desconocimiento de  
la composición completa de los alimentos, lo cierto es que estos compuestos interactúan  
de manera permanente con nuestro organismo y actualmente la ciencia está investigando  
la influencia que estos pueden tener en nuestra salud.  
Algunas investigaciones recientes evidencian que la interrelación de compuestos de algu-  
nos alimentos que consumimos con frecuencia puede tener impactos importantes en la  
salud. Un ejemplo de esto es la interacción entre los componentes de la carne roja, el ajo y  
el aceite de oliva. Las proteínas animales como la carne roja contienen compuestos como  
la L-carnitina y colina. Al consumir carne estas moléculas son metabolizadas gracias a la  
función de las bacterias intestinales, convirtiéndose en trimetilamina (TMA). Sin embar-  
go, la TMA sufre una transformación importante en el hígado al convertirse en trimetila-  
mina-óxido (TMAO). Según, algunos estudios el TMAO está asociado con mayor riesgo de  
padecer eventos coronarios. Sin embargo, lo interesante es que recientemente, gracias a  
los estudios en materia oscura nutricional, se ha descubierto que algunos alimentos como  
el ajo y el aceite de oliva contienen compuestos como la alicina y el dimethylbutan-1-ol  
(
2
DMB), que bloquean la producción del TMA por las bacterias intestinales (Barabási et al.,  
020).  
Figura 2 Cꢆmꢂueꢀꢁꢆꢀ nꢆ idenꢁificadꢆꢀ y ꢀuꢀ imꢂlicaciꢆneꢀ ꢂara la ꢀalud  
Fuente: (Barabáꢀi eꢁ al., ꢈꢇꢈꢇ, ꢂ. ꢉ4)  
ꢈ6  
Revista de ciencia de la Complejidad  
Descripción: la imagen muestra cómo la interacción de distintos alimentos puede rever-  
tir las consecuencias supuestamente perjudiciales para la salud que se han endilgado a  
algunos tipos de alimentación.  
Este ejemplo nos permite evidenciar cómo el conocimiento de la información contenida en  
los alimentos, más allá de los micro y macronutrientes, puede darnos pautas interesantes  
de cómo mezclar diferentes alimentos para que sean beneficiosos para la salud. Esta pers-  
pectiva es contraria a una dinámica de prohibición de alimentos, que usualmente está im-  
plícita en el campo de la nutrición. Durante algunos años ha sido frecuente escuchar sobre  
los efectos perjudiciales de la carne roja en algunas enfermedades coronarias y el cáncer.  
Sin embargo, conocer la información de los alimentos, nos permite comprender que en sí  
que estos no son buenos ni malos y que lo realmente perjudicial es lo poco que sabemos  
de estos.  
Así, el concepto de materia oscura nutricional nos permite entender que solo conocemos  
una pequeña parte del gran cuadro que compone los alimentos. Parte de esa pequeña por-  
ción que conocemos está en lo que actualmente sabemos de la energía, esencialmente  
desde la visión clásica, pero aún nuestro conocimiento sigue siendo limitado en lo que se  
refiere a la vinculación de lo cuántico con la alimentación. Sin embargo, es aún más desco-  
nocido el concepto de información en la historia de la nutrición.  
Pese a lo anterior, lo poco que se ha aplicado el concepto de información por parte de la  
nutrición, ha permitido desarrollar avances inimaginables hasta hace algunos años, como  
el poder extraer ciertos componentes para hacerlos más digeribles y evitar el surgimiento  
de algunas enfermedades. Con esta visión de las cosas, la postura de la nutrición clásica  
de que afirma que se debe evitar comer lo que no es “beneficioso” para determinada en-  
fermedad, podría ser reemplazada por el estudio detenido de los alimentos para extraer  
aquellas sustancias que los componen que pueden llegar a ser nocivas. Actualmente se  
adelantan investigaciones que buscan modificar genéticamente los alimentos para redu-  
cir las reacciones a ciertos componentes. Un ejemplo de esto es el trigo. Se conoce que este  
alimento tan común genera una condición denominada como celiaquía, la cual se produce  
porque el gluten presente en el trigo ataca al intestino delgado, generando un trastorno  
inmunitario. En otros casos, cuando las reacciones no son severas, se pueden presentar  
manifestaciones de intolerancia hacia este componente que generan ciertas molestias  
gastrointestinales (Saplakoglu, 2018).  
Como respuesta a esto, se han generado estrategias como la modificación genética del tri-  
go. Sin embargo, la única manera de hacerlo fue estudiando a profundidad la composición  
del alimento, en otras palabras, reconociendo la información del mismo. En este proceso  
se encontró que el trigo contiene, entre otras, un tipo de proteína denominada gliadina,  
que es la principal causante del trastorno inmunitario ocasionado por el consumo de este.  
Partiendo de lo anterior, se crearon micro fragmentos de material genético del trigo con  
el objetivo de que transporten la proteína cas9, la cual tiene la propiedad de cortar 35 de  
ꢈ7  
Revista de ciencia de la Complejidad  
los 45 genes de la gliadina. De esta manera, el trigo modificado genéticamente reduce en  
8
5% las probabilidades de desarrollar el trastorno inmunitario por celiaquía (Saplakoglu,  
2018).  
Más allá de tratar de explicar si la manipulación genética de los alimentos es positiva en  
todos los casos, es importante analizar cómo el conocimiento de la información juega un  
papel fundamental para comprender los vínculos de los alimentos en otros procesos, in-  
cluidos los de salud, que pueden afectar directamente al ser humano.  
3
. ECosistEMas, inforMaCión y aliMEntos  
Como se ha evidenciado anteriormente, la información juega un papel fundamental en  
los procesos de alimentación y la comprensión de esta en términos cuánticos, permite la  
exploración de nuevos escenarios y tecnologías que pueden aportar de manera significa-  
tiva en la salud y el bienestar. Esto nos refuerza la necesidad de propiciar el diálogo entre  
campos como la nutrición y otras disciplinas que puedan aportar a un entendimiento más  
completo de los procesos que hacen posible la existencia de los alimentos y sus interaccio-  
nes con los seres humanos.  
Lo anterior también nos motiva a interesarnos por conceptos ampliamente estudiados por  
algunas disciplinas y descuidados por otras, como la energía. Debemos entender entonces,  
como lo propone Lloyd (2013), que tanto la energía como la información bailan juntos, y  
que gracias a este baile surge el mundo que vemos a nuestro alrededor. Sin embargo, debe-  
mos reconocernos también como partes esenciales de este baile, que no es otra cosa que  
el resultado del funcionamiento de los ecosistemas que hacen posible la vida en todas sus  
formas y escalas. Así mismo, es importante recalcar los alimentos como piezas fundamen-  
tales de dichos ecosistemas.  
En el mismo sentido, es importante reiterar que la comprensión de los alimentos como ele-  
mentos claves en los ecosistemas no puede lograrse sin la incorporación del concepto de  
información. Justamente, según Ramón Margalef, un ecosistema puede definirse como un  
nivel de organización, compuesto de elementos complejos, conectados de forma no per-  
manente, formando una red de interacciones flexible y adaptable” (Flos, 2005, p.4). En su  
definición, Margalef propone que además del intercambio de materia y energía, los ecosis-  
temas no pueden subsistir sin la consolidación de una red de intercambio de información  
entre los elementos que lo componen.  
Así mismo, dicha trasmisión de información no puede conocerse completamente si se ob-  
serva desde una perspectiva clásica, sino que es necesario comprender el mundo como un  
gran procesador cuántico, por lo anterior es simplemente imposible separar conceptos  
como información y termodinámica, sobre todo cuando se pretende conocer el funciona-  
miento de los ecosistemas (Flos, 2005).  
ꢈ8  
Revista de ciencia de la Complejidad  
Así, volviendo a la visión de ecosistemas, según Margalef, “los sistemas ecológicos, que a  
menudo se han simplificado para modelarlos como sistemas binarios, son bastante más  
complejos, pues son el resultado de la historia, la termodinámica y el procesamiento de  
la información” (Ros, 2006, p. 71). Justamente, la simplificación de estos sistemas ecológi-  
cos en los que los alimentos se construyen y desarrollan, a través de diversos procesos de  
transmisión de información, nos alejan cada vez más de un conocimiento al menos más  
cercano del papel de los alimentos en la salud, y nos acercan hacia visiones simples del rol  
de los alimentos en los ecosistemas externos e internos que impactan a los seres humanos.  
Así, la idea simple de que los alimentos tienen un efecto similar en todos los seres huma-  
nos que se basa principalmente en el papel de la energía y el aporte calórico, riñe comple-  
tamente con la definición de los ecosistemas como sistemas complejos que afirma que “la  
información que se recupera de un objeto depende del sistema que la recupera, no del sis-  
tema que produjo el objeto” (Flos, 2005, p.6). En ese sentido, la interacción de un alimento  
(
parte de un ecosistema), con el ser humano (parte de un ecosistema) que lo consume,  
dado que también es un sistema, dependerá de la información previa que este ha recibido.  
En suma, dado que las interacciones de los sistemas son heterogéneas, los efectos de la in-  
teracción con los alimentos son distintas, no lineales y, sobre todo, indeterminadas.  
4
. ConClusionEs  
De acuerdo con lo anterior, abordar los alimentos como simples fuentes de energía es to-  
talmente ineficaz si lo que se quiere es entender de manera completa los efectos de estos  
sobre la salud. Incluso, la comprensión de estos desde la perspectiva clásica de informa-  
ción también resulta inane, pues esta se reduce a lo binario, perdiendo de vista la comple-  
jidad de la interacción entre los sistemas vivos y los elementos que los componen.  
El reto es entonces acercarnos a estas perspectivas que no son nuevas, pero que aún no se  
han incorporado en el campo de la nutrición. Así mismo, debemos procurar por una salud  
pública más organicista, menos enfocada en la visión de lo humano, más preocupada por  
una perspectiva universal de la vida y que entienda que las respuestas de la alimentación  
humana también deben buscarse en otros seres vivos.  
En conclusión, para hablar de salud, hay que saber del mundo y ya no solo del ser humano.  
Es por esto que con urgencia debemos proponernos des-antropofizar la nutrición, es decir  
dejar de situar al ser humano en el centro de interés y comenzar a explorar nuevos escena-  
rios. La alimentación no es un fenómeno humano, sino un proceso que es posible gracias a  
la transmisión constante de la información, a la inteligencia de las plantas que les permite  
sentir y conversar con el entorno, a la gran facultad de los seres humanos de convertir  
alimentos en símbolos materiales de la cultura, a la inmensa capacidad de los microorga-  
nismos para sintetizar y procesar, entre otros procesos que nos ratifican la necesidad de  
pensar los alimentos como poderosos precursores de la salud.  
ꢈ9  
Revista de ciencia de la Complejidad  
Sin embargo, la postura radicalmente antropocéntrica que se ha otorgado al campo de la  
nutrición controvierte lo anterior. En esta los alimentos se siguen abordando como ele-  
mentos simples, esenciales en la relación lineal que establece que existen alimentos bue-  
nos y malos para los seres humanos. Esta postura nos ha llevado más a alejarnos de ciertos  
grupos de alimentos y nos ha reducido significativamente la curiosidad por entenderlos  
y estudiarlos a profundidad. Pese a esto, existen maneras de remediarlo. En principio, de-  
bemos dar un salto de la ciencia determinista a las ciencias de la complejidad con el pro-  
pósito de plantear escenarios interdisciplinarios que nos acercan a una perspectiva más  
completa de los fenómenos que estudiamos.  
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